Anoche leía en el Reforma sobre los deslaves en Oaxaca. Las autoridades rescataban cadáveres de las casas que habían sido arrasadas por el lodo. Al leerlo sentí alegría; sentí lo que es la libertad. La alegría de sentir que aún hay sitios en México en donde cuando hay una desgracia enseguida aparecen muertos.
Aquí en Veracruz acaba de pasar un huracán. Entró por Cascajal y sepultó todas las casas; en Cotaxtla el lodazal arrasó con casas de tres pisos con familias dentro; escuché de una señora en el Floresta que al intentar subirse a la lancha que la rescataba se le cayó su bebé de dos meses y se lo llevó la corriente. Pero hay saldo blanco... menos de quince han muerto. Qué alegría saber que en otros lados la realidad sigue existiendo.
Aquí en Veracruz acaba de pasar un huracán. Entró por Cascajal y sepultó todas las casas; en Cotaxtla el lodazal arrasó con casas de tres pisos con familias dentro; escuché de una señora en el Floresta que al intentar subirse a la lancha que la rescataba se le cayó su bebé de dos meses y se lo llevó la corriente. Pero hay saldo blanco... menos de quince han muerto. Qué alegría saber que en otros lados la realidad sigue existiendo.
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